martes, 5 de diciembre de 2017

Algunas notas sobre Poemas para mi novia extranjera

por Horacio Fiebelkorn

(Poemas para mi novia extranjera, de Luis Pereira Severo, Bahía Blanca, Vox, 2015)

 

I 
En el prólogo de Poemas para mi novia extranjera, Alfredo Fressia menciona autores que desde su perspectiva, se reúnen en el mapa de lecturas de Luis Pereira Severo: Rexroth, Ferreira Gullar, Elder Silva, Benavides, Víctor Cunha, Zitarrosa, Cisneros, Darnauchans, entre otros. Varios son mencionados por el propio autor en pasajes del libro. Agrego: algunos poetas argentinos de los 90, cierta poesía (no toda, no cualquiera) argentina escrita en los 90. Por caso, Gambarotta, Raimondi.

II 
Lo de recién no es un dato menor, ya que permite situar la obra de Pereira en coordenadas que abren otra perspectiva para la poesía uruguaya. En este punto, conviene recordar que casi siempre la poesía escrita en Uruguay buscó espejarse en Brasil, tanto en su versión modernista como experimental. El tráfico verbal en la frontera fue parejo con el contrabando de mercancías. La música del habla uruguaya está impregnada del acento portugués. Pereira lo asume, pero abre su ventana al Río de La Plata, lo cruza.
Alguna vez, la brasileña Cecilia Meireles, luego de un viaje por Montevideo y Buenos Aires, dio su impresión sobre la poesía de ambos márgenes del Plata. En Montevideo, dijo, tiene mayor peso la sangre portuguesa, que es lírica, y en Buenos Aires la española, que es dramática.
  
III
Paso de los Toros, Montevideo, Maldonado. Pereira es un poeta itinerante, hace suyo el rumor de la ruta. Ese transcurso es constitutivo de su forma de mirar:

afuera es igual
y siempre es afuera
la piel del viajero
del que no pertenece

El modo en que Pereira nombra y atesora cosas y lugares no es, con todo, el de alguien que convoca una identificación. Son esas cosas y esos lugares, pero podrían ser otros, y cada lector tiene los suyos. La calle Paysandú no es solamente la calle Paysandú. Al eludir el recurso confesional, y transferir por lo mismo una energía que se independiza de lo biográfico, Pereira la convierte en un lugar compartido que trasciende la experiencia generacional.

IV
Milonga rioplatense: lo que deja gotear Pereira está en el cruce de la historia personal con la historia colectiva de Uruguay.

Los perros y los coroneles
Los perros y los oficiales
Los perros y los edecanes

(…)
Al tercer día recordé el nombre de Isabel
La del tercer piso
De la calle Inca
La que dejaba cretonas en la ventana

Pereira no juega con una pelota prestada, no la ligó de rebote, no heredó nada, y no se detiene a lamentar derrotas: deshace lo que fue en su momento la retórica de la poesía militante, con sus sujetos preclaros e iluminados, y coloca el verso al ras de la tierra. No habla a sus semejantes desde otro lugar que no sea el espacio compartido.
No viene a cuento del libro, pero Pereira es uno de los pocos que intentó en Uruguay ajustar cuentas con la herencia de Benedetti.
  
V
Pereira habla de amor, todo el tiempo. Agrega un tema ausente en la poesía masculina que abordó la política de este lado del río en los años 90. Con Pereira, los estereotipos se caen. Los varones hablamos de amor, de pérdida, encuentro, lejanía, lujurias galantes, y podemos hacerlo lejos del “ternurismo” o el arrebato campeón de la proeza erótica, o la fascinación seudo rilkeana del que se paraliza ante la belleza.
Pereira habla de amor como de historia o de política: sin complejos,  condescendencia  o autocompasión. Por eso, pulveriza aquí también sin concesiones a la retórica militante de los 70.

VI  
Toda novia es extranjera. Por eso es “novia”, y no “esposa”, “amante” o “compañera”: el lugar del amor no tiene territorio ni institución.
La historia, la política, el amor: todo se enhebra en la visión de un viajero sólo a veces inmóvil. Cuando esos temas entrelazan sus manos, la palabra -la poesía- se vuelve un asunto existencial, intenso. Y el libro que de ello resulta, algo necesario. No se lo lee: se lo respira de cabo a rabo.



La extranjera en los Cruces

Preguntado Gustavo Wojciechowski, “Maca”, factótum de Yaugurú, sobre cuáles eran sus editoriales extranjeras de referencia, respondió que Vox, de Argentina. Precisamente de ahí llega el más reciente poemario del poeta de Paso de los Toros, y fernandino por adopción, Luis Pereira Severo.
Mucho más clásico en su presentación que otros artefactos de Vox, este poemario, que tiene en la portada una ilustración alusiva del gran Diego Bianki, es calificado por su autor como una milonga rioplatense, y comparado por su prologuista, Alfredo Fressia, con el trabajo de un estoico.


Su primera parte, “Colección de fotografías del último otoño”, contiene algunos de esos momentos que sólo la poesía puede lograr como intermediaria –pero no amortiguadora– entre el golpe de los heraldos negros y el andamiaje interior de quien la lee. No hay crónica periodística que pueda trasmitir el realismo, la precisión onírica, de esos imposibles lanchones “repletos de bosnios, de georgianos” que cruzan el Paraná para traer a este tranquilo rincón del mundo, al despuntar la mañana, el olor de la guerra y la masacre. ¿Y cómo podría el recuento de los historiadores capturar el horror de la tortura en la medida en que lo trasmite “Lo hicieron los perros y los capitanes”?
Pero a fin de cuentas, “quien piensa en la muerte/ ¿la convoca o la ahuyenta?”. No responde su pregunta Pereira, aunque por las dudas anota el texto que desearía de epitafio. No responde, pero exorciza. Oficia ese exorcismo en la segunda parte del libro, del que toma el título, aunque no es la fácil liturgia del amor, sino que la novia extranjera, cuando se corporiza, tiene mucho de imposibilidad, de destiempo.
En el tramo último, que llama “Canción de cuna bolchevique”, el poeta ajusta cuentas con su generación y consigo mismo. “No soy ni siquiera un mal poeta inglés”, dice. En oposición se define habitante del “patio trasero de las letras”, aunque, reconoce, “no se trata de un mal sitio”.
(Roberto López Belloso, BRECHA, 20.08.2015, http://brecha.com.uy/cruces-de-poesia-25)

Pereira, el enamorado

Posbolchevique y acaso posromántico, hay un poeta que tiene una rítmica única de rastros beatnik y una tensión en la que se superponen cartas de amor, memorias borroneadas y circunstancias cotidianas llevadas a la altura de mito, de leyenda épica, o acaso estoica, como define Alfredo Fressia a la poética de Luis Pereira en el texto introductorio de Poemas para mi novia extranjera



El más reciente poemario de Pereira, publicado por Vox, lleva ritmo de “milonga rioplatense”, como subraya el poeta, sabiendo que esa milonga es travestida de otros ritmos que van desde la herencia neobarroca hasta los espirales del rock de grandes poetas como Bob Dylan y Leonard Cohen. Hay algunos textos más otoñales al principio del recorrido, con escenografía de Maldonado, para después volverse poeta extranjero (lo es, siempre, Pereira, como rasgo de identidad), romantizar, mandarse versos como “Yo conocí la Unión Soviética”“En otra vida habría estudiado Humanidades”“Hay o había apuro por desnudarnos”. Y un final muy preciso, confesional, cargado de humor, que culmina con el latiguillo “Yo quería ser como Antonio Cisneros/ y ser el objetivo de todas las mujeres de Lima”, y la auto-constatación de que no ha sido un poeta inglés, ni siquiera un mal poeta inglés. Pereira sigue disparando muy buenos versos desde “el patio trasero de las letras”. Irreductible.

Gabriel Peveroni
laculpalatuvomanuchao.blogspot.com.uy